Una persona dijo un día
que las poblaciones eran el patio de Chile.
pues bien. Si las poblaciones son el patio,
Lota es el subterráneo.
Uno oscuro y con paredes de sangre,
laverinto de avaricia, purgatorio de cuenta bancaria
que ahoga gritos de asfixia,
y que explota con el grisú.
Bajan a la mina los hombres topo
con las lámparas de sus almas encendidas,
que brillan como soles entre tanto negro,
tanta alma en pena, tanto espíritu perdío.
No hay nada más muerto que el carbón
que se alimenta con las almas de hasta los niños
pa encerrarlos en sus filas,
convertirlos en hombres
y no dejarlos ver más un medio día.
Pero ni esto logra oscurecer el ímpetu del minero ,
que a pesar de bajar día a día a que le expriman la vida,
clama y grita por justicia.
Pero gritaron muy fuerte
reclamaron mucho
y con eso enojaron a todos los pronombres personales,
que expulsaron la palabra minero de la gramática,
así como lanzaron a Lota al olvido.
Entonces de Lota sólo quedan cenizas,
muerte y más muerte,
un pueblo cansado y extinto,
triste, como cuando destetaban a un crío pa encadenarlo a la mina.
Pero estar tristes está de modas,
y tal vez por ahí ganamos algo
al menos en ese sentido.

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