¿que nos gusta complicarnos, ah?
uno puede estar tan bien solito, sólamente solo y nada...
derrepente, como si la tranquilidad no bastara para tenerlo a uno en calma, se le ocurre meterse en esos líos, que son tan complicados como los puntos de crochét de la abuelita, que una vuelta para allá, una vuelta para acá, punto entero, punto y medio y bah!
en eso a te olvidaste como desarmarlo.
Y lo peor, lo peor es que nada es tan complicado,
es una, una sola,
una misma que hace y deshace con la cabeza a mil por hora,
que en verdad tenía mejores cosas que hacer, y...
y el otoño es tan muerto.
es la vejez del año, se secan las plantas y ya nada queda de lo verde...
me carga el frío.
que congela este mundo de tuercas, tormillos, poleas y manivelas...
y de nuevo vuelve el sueño, y estoy contenta de tenerlo entre mis brazos. y en fin, nosé, es que a veces estamos tristes, y nos volvemos grises, y ya no nos diferenciamos del pavimento y nos quedamos pegados como zuelas de zapato en el peor de los veranos
y finalmente es mejor esperar que las cosas tomen el rumbo acordado, como por inercia.

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